CIBER-CLEPTOCRACIA A ESCALA GLOBAL

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JOSÉ LUIS GONZÁLEZ CUSSAC

Hasta hace muy poco la seguridad informática interesaba solo a expertos y a algunos curiosos e iniciados. Pero ahora somos mas de 3.000 millones de personas usando la red. Ha nacido una nueva dimensión a añadir a las cuatro existentes: el ciberespacio. Y esa misma apertura, progreso y libertad ha generado también vulnerabilidades en esta quinta dimensión. Así, un ciberataque puede adoptar múltiples formas: desde simples pruebas de sondeo a la desfiguración de sitios web; ataques de denegación de servicio, espionaje y destrucción de datos.

Hasta ahora los ciberataques con costes elevados se centran en el espionaje y la cibercriminalidad. Pero en la próxima década la guerra cibernética y el ciberterrorismo pueden llegar a ser una amenaza real. En efecto, como con agudeza ha señalado Steve Ewel (responsable del United States European Command, para asuntos de ciberseguridad) “La guerra actual puede desencadenarse desde un Starbuck”.

Según datos contrastados de 2013, el ciberdelito mueve ya más de 240.000 millones de euros al año. Y a su vez el negocio de la ciberseguridad genera una actividad de más 50.000 al año y crece al 10%.

En este contexto, el masivo ciberataque del pasado viernes 12 de mayo de 2017 marcará otra referencia en esta creciente estadística. Centenares de miles de computadores de más de ciento cincuenta países infectados por un programa malicioso del tipo Wanna Decryptor. Se trata de un “secuestro virtual” o “rescate de programa” (Ransomware), en el que los captores bloquean el ordenador atacado y exigen el pago a las víctimas de 300 $ en Bitcoins para obtener un código de desbloqueo. Aparentemente un nuevo caso de ciberdelincuencia.

Para hacer frente a esta nueva modalidad de delincuencia telemática existen medios técnicos para rechazar a los atacantes con sistemas de seguridad resistentes (cortafuegos), que permitan la rápida recuperación y que incluso desencadenen una respuesta automática (“cerca eléctrica”). La estrategia de la disuasión cobra cada vez mayor protagonismo: poseer una capacidad ofensiva declarada y una política que advierta del uso de medios de represalia.

Desde el plano jurídico, los ordenamientos más avanzados como el nuestro ya contiene normas penales específicas. Y el Convenio del Consejo de Europa (Budapest, 2001) sigue siendo la referencia internacional frente a esta clase de delincuencia. Sin embargo, el derecho necesita actualizarse a los constantes avances tecnológicos y en todo caso se requiere una reforzada cooperación internacional. Pero es innegable la complejidad y dificultad de perseguir y reprimir los ciberdelitos. Y tampoco aquí puede esperarse una ciberseguridad absoluta.

Finalmente asistimos a una célebre y conocida paradoja: cuanto más avanzada tecnológicamente es una sociedad, mas vulnerable resulta a los ciberataques. Porque todo se desencadena, como magistralmente expresó Joseph Nye, con “el rugido del clic del ratón”.

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