DE ESCÁNDALO EN ESCÁNDALO, Y MIENTRAS NUESTRA PRIVACIDAD AL DESCUBIERTO

DE ESCÁNDALO EN ESCÁNDALO, Y MIENTRAS NUESTRA PRIVACIDAD AL DESCUBIERTO

ROSARIO SERRA

Wikileaks, la plataforma fundada por Julian Assange para la filtración de información confidencial, acaba de publicar otra tanda más de miles de documentos que atribuye a la CIA y que presuntamente revelan el funcionamiento de un programa de ciberespionaje utilizado por los servicios de inteligencia estadounidenses. Parece ser que la documentación publicada pone al descubierto cómo dichos servicios son capaces de piratear ordenadores, teléfonos o televisores con internet para espiar a sus usuarios. Supuestamente, dicho programa habría sido capaz de evitar la barrera que los encriptados de Whatsapp, Telegram, Confide y otros servicios de comunicaciones, permitiendo el acceso al contenido de la comunicación.

Las noticias publicadas por la prensa ponen su acento en el escándalo que supone para la CIA por el agujero de seguridad que ha quedado al descubierto. Esta no es la primera vez se producen este tipo de filtraciones. Piénsese en Snowden, que hizo público algo que había quedado cubierto por el secreto de Estado hasta ese momento. La ruptura de dicho secreto reveló que el gobierno de Estados Unidos había estado espiando masivamente los datos de millones de ciudadanos, no sólo estadounidenses, sino también extranjeros, incluidos altos mandatarios de muchos Estados europeos y americanos. Aquellas revelaciones generaron indignación entre la ciudadanía porque les abrió los ojos a la realidad de sentirse al descubierto, y supuso la constatación de que esta nueva era tecnológica no solo ha cambiado el tradicional concepto de privacidad, sino que incluso su versión más reducida es altamente vulnerable.

Según afirman, la de ahora se trata de la mayor filtración de documentos de la historia de la CIA. Como nos tiene acostumbrados Wikileaks, este no es más que otro escándalo de su serial de filtraciones que puede poner en jaque las relaciones entre Estados y la seguridad de muchas operaciones de inteligencia.

Es cierto que desde tiempos inmemoriales los denominados “servicios de inteligencia” han trabajado siempre en la obtención de información para analizarla, transformarla en conocimiento y ponerla a disposición de aquéllos que han de adoptar decisiones políticas, económicas, militares, etc. y para actuar frente a posibles futuras amenazas. Si algo ha caracterizado a la inteligencia es el carácter secreto de la misma. El secreto es una forma de asegurar que determinadas fuentes, misiones, hechos, identidades, etc. no sean conocidos por quienes podrían valerse de esa información para actuar contra los intereses del país. Por lo tanto, efectivamente, es un escándalo que se haya abierto esa brecha en ese muro de secreto y seguridad con que tratan de protegerse los servicios de inteligencia para garantizar, a su vez, nuestra propia seguridad.

Pero el verdadero escándalo se encuentra no sólo en la batalla ganada al secreto, sino en el contenido de lo publicado, y es que los ciudadanos siguen siendo espiados en sus comunicaciones electrónicas como si se tratase del enemigo. Recordemos cuando en 2014 la NSA y el Presidente de Estados Unidos tuvieron que hacer frente al escándalo de Snowden, se pidieron disculpas y se anunciaron públicamente cambios legislativos a este respecto. Por las fechas que incluyen los documentos publicados ahora por Wikileaks (2013 a 2016), no parece que haya existido mucho propósito de enmienda.

En este terreno, la tecnología cada día ofrece más y mejores instrumentos. El avance de las nuevas herramientas técnicas, la existencia de grandes proveedores de servicios de internet ¾que a su vez almacenan millones de datos de clientes¾, y la realidad de programas informáticos cada vez más elaborados y potentes, que son capaces, no simplemente de recabar datos, sino de tratarlos y extraer una información de calidad, nos hace situarnos cada día en un nuevo escenario. Los ciudadanos estamos vendidos ante ese desarrollo tecnológico imparable. La recopilación de información aparenta ser cada vez menos selectiva en cuanto sus destinatarios, puede ser muy incisiva (se recaba infinitos datos y se tiene la capacidad técnica de evaluarlos e interpretarlos con perspectiva) y se realiza de un modo globalizado. Otros sistemas de recopilación y tratamiento de comunicaciones similares al hecho público ahora por Wikileaks se han conocido en el pasado (ej: XKeyscore, Echelon,…) y otros tantos nuevos llegarán.

Es cierto que el Estado tiene como funciones principales garantizar la igualdad, la justicia y la seguridad, para asegurar a su vez el disfrute de la libertad por parte de los ciudadanos. Y que para ello ha de actuar estratégicamente, ha de advertir los posibles riesgos mediante la recopilación de datos, analizar las posibles medidas a adoptar y proceder en consecuencia. Pero, debe hacerlo sin menoscabar innecesariamente los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos, y hacerlo dentro del marco del Estado de Derecho. No es posible que tengamos que asumir nuestra privacidad al desnudo una y otra vez, porque eso no nos hace sentir seguros, sino todo lo contrario. El riesgo de saber que uno está siendo vigilado genera, cuanto menos, inquietud.

En todo caso, el mayor riesgo que se corre es el de aceptar que las cosas son así, que esta nueva revelación de Wikileaks es otra más de algo con lo que ya contamos, que es el precio a pagar en esta era de las redes y las comunicaciones electrónicas, y el ampararse en el “yo no tengo nada que ocultar, por lo tanto, no me importa que me espíen”. Asumir esto sí puede socavar los pilares de una sociedad libre. Por ello, hay que seguir denunciando el “escándalo”.

 

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